domingo, 18 de octubre de 2009

LAS SUMAS DE MÉRITOS

comunionsmall Durante la preparación para la primera comunión, teníamos que conseguir dos cajas de plástico (Marca “Kico”). La primera, estaba llena de granos de trigo que se pasaban a la segunda, uno por uno, por cada vez que hacíamos algún sacrificio. Lo que llegaba a considerarse un sacrificio, era una decisión casi personal y se refería a cosas muy pequeñas como compartir un dulce con el hermano o el amigo y rezar rosarios. De todas formas, los granos que íbamos acumulando en la segunda caja se convertían en el termómetro para medir nuestra devoción cristiana. La piadosa “señorita” que dirigía la preparación examinaba las cajitas de cada uno y meneaba la cabeza con gesto aprobatorio a medida que la cantidad de granitos crecía en la segunda caja.
   comunion1b La mayoría de los que los que compartieron conmigo tan importante evento, estaban convencidos de su fe, y de estar próximos a recibir a Dios en su interior. Para mí, después de haber crecido en un ambiente agnóstico, fue un episodio agradable, resultante de la presión social del colegio. Estaba mal visto que alguien, que hubiera superado tercero de primaria, no fuera portador del cuerpo de Cristo. Las personas que nos prepararon y nos dieron conferencias nunca se preocuparon de cómo realmente pensábamos. Ellos estaban cumpliendo su misión y se conformaban con medirnos por la cantidad de granos de trigo que acumulábamos.
Hoy, más que nunca, hay una tendencia obsesiva por darle valores numéricos a la capacidad humana. Los años que llevo en mi oficio no tienen ningún valor si no tengo trofeos para mostrar. Una hoja de vida razonable, debe estar impregnada de diplomas, títulos y premios. Para obtener un contrato del gobierno, se suman puntos (como quien suma granos de trigo). La cantidad de puntos es proporcional a la cantidad de “condecoraciones”. Nunca se toma en cuenta la experiencia o capacidad real de las personas y empresas. Nadie investiga… Se limitan a sumar puntos. Esto ha disparado una avalancha de expertos en triquiñuelas legales dirigidas a aumentar la acumulación de puntos y así, obtener convocatorias y contratos del gobierno. En la mayoría de los casos, las obras públicas acaban en las manos equivocadas. Me atrevo a decir que, a pesar del clientelismo, el país funcionaba mejor cuando este tipo de trabajos se asignaba “a dedo” y sin poner en peligro la integridad del funcionario encargado. Este afán de acumular méritos y cumplir cuotas tiene muchos otros lados oscuros:
double-yellow-lines Los agentes de tránsito se miden por la cantidad de infracciones que logran acumular y esto les ayuda a recibir créditos de vivienda. En su afán por complacer a sus superiores, ellos mismos crean las situaciones que les permiten multar a los ciudadanos inocentes con trampas de velocidad y prohibiciones traicioneras (poco notorias). Muy pocas veces se dedican a aligerar el flujo vehicular. 
Masacres del ejercito alemán El peor ejemplo viene siendo el de los “falsos positivos” del ejército. A quien se le pudo ocurrir que los únicos méritos de un soldado estuvieran sujetos a la cantidad de enemigos muertos. Era de esperarse que, al no encontrar enemigos... ¿porqué no inventárselos?.. Que mejores víctimas que la cantidad de jóvenes desempleados y regados por todo el país. Sin pensarlo dos veces, algunos militares, ante la posibilidad de un acenso, decidieron hacer una pequeña trampa y, como cualquiera que inventa puntos, sacrifican a jóvenes engañados y convenientemente disfrazados de guerrilleros. El sistema de evaluación por puntos y esa tendencia que tenemos los colombianos de obviar las reglas para manipularlas a nuestro antojo, son (en buena parte) las causante de estos y muchos otros desastres.
textures-large-214Debe haber formas más humanas e intuitivas de evaluar capacidades. De encontrar a los que pueden desarrollar un oficio con cierto grado de eficiencia y honestidad. Formas más profundas que una simple suma de méritos. Nuestra idiosincrasia es demasiado compleja para pretender evaluarla mediante una sencilla fórmula matemática. Volviendo a la primera comunión… a veces me pregunto si alguno de esos compañeros, buscando el beneplácito divino, acumuló granos de trigo sin haber hecho ningún sacrificio y… se quedó con la costumbre. 

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