Hoy, más que nunca, hay una tendencia obsesiva por darle valores numéricos a la capacidad humana. Los años que llevo en mi oficio no tienen ningún valor si no tengo trofeos para mostrar. Una hoja de vida razonable, debe estar impregnada de diplomas, títulos y premios. Para obtener un contrato del gobierno, se suman puntos (como quien suma granos de trigo). La cantidad de puntos es proporcional a la cantidad de “condecoraciones”. Nunca se toma en cuenta la experiencia o capacidad real de las personas y empresas. Nadie investiga… Se limitan a sumar puntos. Esto ha disparado una avalancha de expertos en triquiñuelas legales dirigidas a aumentar la acumulación de puntos y así, obtener convocatorias y contratos del gobierno. En la mayoría de los casos, las obras públicas acaban en las manos equivocadas. Me atrevo a decir que, a pesar del clientelismo, el país funcionaba mejor cuando este tipo de trabajos se asignaba “a dedo” y sin poner en peligro la integridad del funcionario encargado. Este afán de acumular méritos y cumplir cuotas tiene muchos otros lados oscuros:
domingo, 18 de octubre de 2009
LAS SUMAS DE MÉRITOS
Hoy, más que nunca, hay una tendencia obsesiva por darle valores numéricos a la capacidad humana. Los años que llevo en mi oficio no tienen ningún valor si no tengo trofeos para mostrar. Una hoja de vida razonable, debe estar impregnada de diplomas, títulos y premios. Para obtener un contrato del gobierno, se suman puntos (como quien suma granos de trigo). La cantidad de puntos es proporcional a la cantidad de “condecoraciones”. Nunca se toma en cuenta la experiencia o capacidad real de las personas y empresas. Nadie investiga… Se limitan a sumar puntos. Esto ha disparado una avalancha de expertos en triquiñuelas legales dirigidas a aumentar la acumulación de puntos y así, obtener convocatorias y contratos del gobierno. En la mayoría de los casos, las obras públicas acaban en las manos equivocadas. Me atrevo a decir que, a pesar del clientelismo, el país funcionaba mejor cuando este tipo de trabajos se asignaba “a dedo” y sin poner en peligro la integridad del funcionario encargado. Este afán de acumular méritos y cumplir cuotas tiene muchos otros lados oscuros:
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