
En el momento que llegamos al valle sagrado de Zaquencipá, dejó de llover. El clima, en esta parte del país, parece tener sus privilegios. El sol de la mañana apareció muy temprano. La luz rasante iluminó una neblina que parecía estar pegada al suelo. Estábamos rodeados de paisaje, luz y cielos… muy azules. Es uno de esos sitios donde se siente paz y sosiego. Jose, es una de tantas personas que se establecen allí para optimizar su estado de ánimo.
Loma Amarilla, la casa de Jose, cerca de Suamerchán, es un verdadero paraíso. Jose vive entre perros, canarios, aire puro y buena compañía… transmite una tranquilidad que genera envidia. No se habla de la crisis económica ni la reelección. Los temas son caballos, cabalgatas, paisajes, el agua del pozo, que viene a tener la misma densidad de la del “Mar Muerto”, o los nombres de los canarios que merodean dentro de la casa. Íbamos a hacer una visita corta y nos quedamos todo el día. Tres horas más tarde ya estábamos en Bogotá… De vuelta con el “pico y placa” y… a… enfrentar la realidad.