jueves, 28 de mayo de 2026

 

LA IZQUIERDA

En algún momento lejano de mi juventud, en plena guerra fría, hice un recorrido turístico por los países de la LLAMADA “cortina de hierro”. Países que, a raíz del triunfo de la Unión Soviética sobre Alemania, en la segunda guerra mundial, quedaron bajo la influencia y control de la Rusia de Stalin.

Se entraba a unos países organizados, militarizados, dónde todos los establecimientos, hasta los restaurantes, estaban administrados por el estado. Los meseros, atendían sin el entusiasmo que genera la posibilidad de una propina. Eran contratados y pagados por el estado para cumplir una función específica y a eso limitaban su actividad.

 Estuve en una recepción de una de las embajadas de China. Se respiraba un ambiente austero donde los funcionarios recitaban, de memoria, párrafos del librito rojo de Mao Zedong de la misma forma que algunos religiosos citan versículos de la biblia. Cada persona tiene su manera de satisfacer lo que la vida le ofrece.

En todos esos países, el estado se hacía presente en todas partes. Los profesionales, con los que tuve comunicación, se quejaban de sus bajísimos salarios. Se veían pocos automóviles y, ocasionalmente, pasaba la limusina de algún político.

El contraste con los países occidentales se hacía más evidente pasando la frontera hacia la parte oriental de Berlín. Daba la impresión de entrar a una ciudad dormida. Todos estos gobiernos, respaldados por una ideología poco práctica, lograron detener el motor que impulsa el progreso: La iniciativa humana.


Muro de Berlín

La idea del marxismo es interesante y promueve un interés muy justo. Pretende acabar con las clases sociales y promueve la igualdad de condiciones para todos. Sin embargo, hay un detalle que no tiene en cuenta. La ambición humana, el impulso individual para salir adelante.

Si miramos hacia atrás, las experiencias comunistas no lograron eliminar la desigualdad social. Crearon un orden jerárquico distinto, basado en el control estatal de la economía y el autoritarismo político. Eventualmente, tuvieron que recurrir a la liberación de algunas áreas de la economía para hacer frente a las dificultades económicas-

La suma de las ambiciones personales es la fuerza que acelera el crecimiento de la economía. Los gobiernos han demostrado, a través de la historia, ser pésimos administradores. Se requiere lograr un equilibrio entre las reglas del gobierno y el impulso generado por la industria privada. La transformación de estos países, después de separarse de Rusia, ha sido notoria. Casi todos se han convertido en potencias industriales y comerciales.

Definitivamente, las ideologías se ven mejor en los libros que en la práctica. El ser humano es tan diverso, que es casi imposible gobernarlo con el pensamiento del vecino. Un país multicultural, como el nuestro, debe ser gobernado con respeto por todas sus instituciones. Innovar sin afectar lo que ya funciona.  No pretender imponer sistemas promovidos por odios e inconformismos. La culpa de la pobreza, no se le puede atribuir a los ricos sino a la ignorancia. Hay que reforzar la educación en todos sus niveles.

Calle de La Habana

La pobreza no se soluciona con subsidios sino con empleo y el mayor generador de empleo no es el estado sino la industria privada. Trabajemos por una nación que salga adelante aprovechando la ambición humana a cambio de teorías políticas caducas que ya han acabado con la economía de otros países.

Luis Enrique Osorio B. (28 de mayo de 2026)