Siempre supe que mi abuelo paterno, para sostener su familia (sus nueve vástagos), tenía que romperse el alma entre numerosos puestos públicos y un chircal que operaba en su casa solariega, de lo que hoy día es el barrio San Cristóbal. Los recuerdos de niñez de mi padre, giraban alrededor de esa casa y de una Bogotá pueblerina donde el tranvía de mulas llegaba hasta Chapinero. Hablamos de los comienzos del siglo XX. En 1904 se celebraron las elecciones donde salió elegido el General Rafael Reyes como presidente de Colombia. Contaba mi padre que, en el día de elecciones, los trabajadores del chircal, llegaban saturados de licor a presumir por las múltiples veces que habían podido votar.
-- Hoy voté tres veces patrón y las tres por el General—
Con los nuevos controles de la registraduría, estas prácticas han perdido vigencia. Es muy difícil que una sola persona pueda emitir más de un voto por elección. Hay, sin embargo, otros factores que afectan seriamente el buen manejo de la democracia.
A pesar de llevar más de 200 años de tradición republicana, seguimos siendo una sociedad eminentemente feudal. Una sociedad heterogénea, con diferencias abismales en los niveles de ingresos. Tenemos una clase empresarial y los grandes hacendados que controlan el flujo de dinero (los señores feudales). Una clase media urbana formada por profesionales de diferentes géneros, la clase emergente compuesta por pequeños empresarios, agricultores minifundistas y empleados medios (los comerciantes). Estos grupos son los generadores de impuestos y, se podría decir, que sostienen al estado. Sin embargo, no dejan de ser una minoría en un país de casi 50 millones de habitantes. El resto de la población, es una enorme masa de trabajadores informales que sobreviven a base de oportunismo, oficios ocasionales, limosna y subsidios. Una mayoría sumergida en la pobreza y la ignorancia (los siervos).
En el sistema democrático, el rey y su corte son remplazados por la clase política. Una fauna heterogénea donde, en muy pocas ocasiones, la linterna de Diógenes logra encontrar un hombre honrado. Los animales más notorios dentro de ese grupo son los demagogos. Personajes que manipulan a los siervos con promesas y subsidios para conseguir su voto. El hecho es que, la mayoría de nuestros votantes carece de buen criterio. Se dejan sobornar con facilidad y votan, generalmente, por el candidato equivocado. Esta situación produce mandatarios ineficientes y oportunistas, con una visión muy mezquina de cómo se debe usar el poder obtenido. Responden a sus intereses y rencillas personales ignorando la responsabilidad que implica gobernar un país o una región.
Estamos muy lejos de saber cómo elegir a nuestros gobernantes. Muy lejos de entender cómo debe funcionar la democracia. Falta mucha educación para que logremos ser una sociedad que mire para adelante y entienda que el país funciona si todos trabajamos en una forma unida y positiva sin esperar favores del gobierno. Por otro lado, los que gobiernan, deben hacerlo sin odios ni preferencias por ningún grupo específico de este “cocktail” de culturas que somos. Deberían luchar por el progreso económico del país como conglomerado, beneficiando a las clases productivas (las que generan empleo) no atacándolas y exprimiéndolas para justificar sus desproporcionados sueldos.
Aprendamos a manejar bien la democracia. Todavía estamos a tiempo.


3 comentarios:
Completamente de acuerdo.
MuY buen artículo...
Totalmente de acuerdo, siempre hemos estado gobernados por ideologías foráneas, fantasiosas y anacrónicas, sin tener en cuenta nuestra verdadera y fuerte identidad. Tenemos genes heredados de múltiples territorios, razas y creencias diversificadas. De nuestros ancestros deberíamos aportar la parte beneficiosa del cariño, la nobleza y el esfuerzo que hicieron para sacarnos adelante. Dejar atrás los odios y las rencillas que no nos aportan ningún provecho. Si nos enfocamos en progresar verdaderamente con nuestras capacidades y aportar a nuestro pedacito de patria; mirar hacia adelante, sin aspirar a lujos excesivos impuestos por otras sociedades; en vez de aprender a apreciar los tesoros que tenemos en frente sin envidiar el progreso del que lo logró. Lograremos la paz soñada.
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